Cierto, la aparición de Eaves Wilder en el álbum “As We Once Were” de The Anchoress me puso sobre su pista. Y aquí estoy, con un debut publicado hace casi seis meses, titulado muy hábilmente “Little Miss Sunshine” (Secretly Canadian 2026), absorto en su espiral eléctrica contagiosa, disfrutando como un niño de una energía con gran capacidad de desborde.
Como hija de los periodistas musicales Peter Paphides y Caitlin Moran, ha tenido Eaves una excelente educación musical. Combina la electricidad acerada del shoegaze con una voz dreampop ensoñadora y una habilidad pop compositora fantástica. Su sonido podría resumirse con el título del corte que abre el álbum, “Hurricane Girl”, pues entra como un vendaval (el pulso shoegaze luego se repetirá en “Mountain Sized”). La fuerza eléctrica de “Just Say No!” deja paso a una “Everybody Talks” cuya voz aniñada se enfrenta a una escalada sonora monumental, cuando estalla el solo de guitarra palpándose un resumen de puro rock & roll. Y se llega a mitad del disco con una brillantísima “The Great Plains” (en el mismo sentido brillante que pueda tener la secuencia de acordes de “My Sweet Lord” encajados en una composición de CMAT, de la que Eaves se confiesa admiradora).
Detalles clásicos aparecen sutilmente a continuación. Los acordes de perfume Pink Floyd de “English Tea”, la manera de erguirse “Daisy Chain Reaction” con un riff nivel T. Rex, y la reverberación acústica casi “Abbey Road” en “Summer Rolls” que se convierte en gran final, sin contar con “Ropeburn” supurando pop pese a los decibelios, o la más atmosférica “LA”. Todo con un sonido deslumbrante en parte culpa de la coproducción de Andy Savours (My Bloody Valentine). Uno de los discos `tapados´ del año.