Con la mochila de mis dudas a cuestas, confieso que siento envidia de las personas con fe. Que creen. Quienes disponen de una coraza para relativizar todas sus desgracias y agradecer al todopoderoso cualquier pequeña buenaventura que les suceda. Pero sobre todo me quito el sombrero ante los artistas que la demuestran honestamente. Este aura de luminosidad con que consiguen llegar al oyente me fascina. En su nuevo trabajo “Gentlewoman”, la iridiscencia de los destellos luminosos de Cleo Sol es cegadora.
Durante una hora y quince minutos, y acompañada por la producción de su marido Inflo, ella despliega un interiorismo de mística diáfana en el que sumergirse una mañana soleada tibia dominical. El arranque en “I Only Look To You” combina piano a lo Carole King y melodía Bacharach con su voz de color, y la siguiente se adentra en la balada de soul de madrugada que tan bien suelen ejecutar The Delines. A partir de allí, mezcla liturgia mística con ambientación en plan “What´s Goin´ On” (“Sweet Thing”, “Their Smiles Are Not The Same”) con numerosas odas al amor, a la familia (“Family Ties”) y a la misericordia desde diversos ángulos de la música de color (incluyendo los más lentos de SAULT patentados por Inflo), y en muchas piezas desde una pureza cristalina (“Let Me Cry”, “Together”, “Imagine”). Por poner ejemplos con algún detalle distinto, destaca la cadencia deliciosa de bossa en “Sentimental Love”, algo más sutil en “Honest Talk”, y una “All Beacuse Of Love” de seis minutos con sombra gospel que muta a funk sureño suave.
Tal vez el disco con ambientación recluida más conseguida del año. Junto al de The Delines, claro.