Entrevista con La Casa Azul

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Hoy Guillermo Milkyway hace triplete en Madrid. A las 19:30 ofrece en el Festival Cultura Pop un audioforum explicando sus canciones preferidas, luego hay concierto de La Casa Azul y pasada la medianoche sesión en el Ocho y Medio. Aún retumban en mi cabeza las canciones de “La revolución sexual” (2008), su espléndido último álbum, así que me he animado a repescar la entrevista que le hice en la semana del lanzamiento.

-Antes de componer el disco, ¿tenías una idea clara de lo que querías lograr?
-Respecto al sonido buscaba forzarlo todo un poco más: que fuese mucho más artificial, más plástico, más histriónico….En las letras no me hice ningún planteamiento. De lo único que sé hablar es de lo que me pasa porque no sé explicar historias, ni soy buen letrista. En ese momento estaba un poco encerrado en mí mismo.

-Entonces, ¿este giro de sonido no ha tenido que ver con nada personal? ¿No es que hayas salido más a bailar este año?
-No, no salgo de casa. No he salido nunca.

-Hay algunas letras que no comprendo del todo. Por ejemplo «No más Myolastán». ¿De qué trata?
-Estuve mucho tiempo trabajando en una multinacional, acabé hasta los cojones y muy enganchado a un ansiolítico y relajante llamado así. Dejar de trabajar allí fue una liberación.

-Una vez describiste a La Casa Azul como una especie de analgésico o un mundo artificial creado para huir de un mal momento personal. Por eso me sorprende la letra de «Triple salto mortal» cuando dice «Se acabó buscar refugios para mi inseguridad».
-Todo depende del momento en que escribes la canción. Esa en concreto es como la típica declaración de intenciones que nunca cumple uno. Esa actitud creo que me define bastante bien. Me refiero a lo de proponerme cosas y no cumplirlas.

-La canción «La revolución sexual» es un guiño al psiquiatra Wilhelm Reich. ¿Qué te interesa de él?

-No quería hacer ninguna exaltación de su obra porque tampoco me interesa hacer bandera de nada. Fue un cúmulo de circunstancias: justo en la época en que escribía el disco estaba leyendo ese libro pero por casualidad. Estaba en la mesa del salón, lo había traído mi novia y tenía una portada muy bonita, es la edición de Ruedo Ibérico. Era algo como positivo. Realmente el libro es como la tercera revolución necesaria para encontrar la felicidad y supongo que en ese momento buscaba algo de liberación.

-La música de esa pieza recuerda mucho a Carlos Berlanga.
-No ha sido algo buscado, pero salió así. Soy muy fan de Carlos Berlanga. El final de la canción es muy Dinarama.

-¿Crees que hace falta una revolución sexual?
Sí, todo el mundo cree que eso es algo que está superado, pero está superclaro que no. Hace falta algún tipo de cambio. A mí me obsesiona bastante el tema de la uniformización, la globalización mal entendida, de la concentración del poder. Esto sí que va a explotar porque te están
anulando la libertad a elegir. Me inquieta, pero como a otra puede agobiarle que el Universo se expande. No lo hago el problema de cada día porque no tengo esa forma de ser. Respecto al sexo hay 30.000 tabués mayores o iguales de los que había hace 30 años. La gente está retraída, tiene muchas fantasías y poca realización personal.

-¿Qué ha sido lo más complicado en este disco?
-No me planteo hacer un disco como intentando superar alguna dificultad que yo tenga, soy una persona complaciente en ese sentido y tiendo hacer lo que me sale natural en ese momento. Quizá me ha costado un poco más verbalizar toda la ansiedad en la que yo estaba inmerso el año pasado.
Siempre he querido llevar al extremo la contraposición de una música que te transporte al mundo feliz con esos sentimientos de ansiedad profunda. El resultado ha quedado un poco vago o poco veraz respecto a lo que yo sentía.

-¿Qué es más difícil: cantar sobre desamor -como hacía hasta ahora- o sobre ansiedad?
– El desamor es muy agradecido para escribir canciones directas y pop porque es un sentimiento universal porque te permite situarte en el papel de víctima y yo contra el mundo. Es más difícil hacerlo con temas más profundos, como la ansiedad o la hipocondria.

-Participaste en la banda sonora de la serie de televisión «Gominolas»….
-El sonido de los grupos infantiles de los ochenta está ultradenostado, pero a mí sí me interesa. Uno de mis discos imprescindibles de esa década es el de una niña llamada Carmen Pascual. Es buenísimo.

-En todo caso , pareces más contento con tu colaboración en «Yo Gabba Gabba!», un programa para niños producido por Nickelodeon.
-Está supebien. Es una serie para preescolar (0-3 años) recuperando el estilo de la primera parte de «Barrio sésamo» americano.Tiene unos personajes infantiles muy bien trabajados, con un look de los setenta. Nunca me han gustado los Teletubies, son como un analgésico para los niños, aquí hacen lo contrario. Esteticamente es una pasada. En cada capítulo ellos enseñan cuatro cosas y terminan con una canción de cuatro minutos que resume todo lo que han aprendido. Es lo más chulo que he hecho a nivel de encargo».

Texto originalmente publicado en «La Razón».

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4 comentarios en «Entrevista con La Casa Azul»

  1. No es por hacerme el sabirondillo pero el libro de marras será de Ruedo Ibérico, no? No, si lo digo porque yo también tengo esos lápsus a menudo…

  2. Hola, curiosamente estoy trabajando en la actualización y la edición de una nueva web sobre la exposición virtual de la editorial Ruedo Ibérico, que el 23 de este mes se inaugurará en Londres.

    http://www.residencia.csic.es/pres/actos_ruedo.htm

    en breve, en este link tendréis acceso a la nueva exposición virtual donde se pueden ver casi todas las portadas de los libros expuestos. Las hay increíbles.

    besos, para víctor and co.

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