2014: cabos sueltos (15)

Morning Phase” (Beck). Beck ha reaparecido. El otro Beck. El otoñal de “Mutations” y “Sea Change”. Esta vez no retrata la ruptura de una relación, sino que refleja el tiempo de inactividad transcurrido por baja laboral y las cicatrices que permanecen al superar una enfermedad. Es un Beck maduro, reflexivo, casi litúrgico, cuya serenidad prevalece sobre la alegría del retorno. En muchos tramos podría pasar por uno de los cientos de cantautores mimando su colección de composiciones, como “Heart Is A Drum”. Podría ser tanto Elliott Smith como JBM o Jonathan Rice, a no ser porque en todo momento inventa cualquier pequeña argucia -la filigrana de puntilla al final de “Blue Moon”– capaz de devolverlo a la brigada de los exploradores en la cual hace quince años era miembro destacado. Si algo no obstante cambia la óptica del álbum es una melancolía adulta imperceptible en los tiempos de Nigel Godrich, enfatizada aquí por los arreglos de David Campbell, su padre (no muchos saben que es un reputado productor, con un currículo abarcando Adele, Justin Timberlake, Michael Jackson, Miley Cyrus, etc). No se entiende este álbum sin la grandeza orquestal del principio en “Cycle” (al estilo de Jim Webb o de una banda sonora de Randy Newman), o de otras piezas también orquestadas -en “Wave” ya acaparando el protagonismo- para ensalzar esa voz con tono incapaz de sonar feliz. Beck afirma que, durante la grabación, manejó temas más alegres descartados con la intención de convertir el próximo trabajo en la antítesis de éste.

 

Ghost Stories” (Coldplay). Tenemos un problema, Houston. Hasta hace un par de discos, mejor o peor, Coldplay habían sobrevivido con nota en un entorno mediático indie hostil desde que se consagraron con el segundo álbum “A Rush Of Blood To The Head”. Un grupo que pasó del rock al pop (más piano, menos guitarra) sembrando grandes melodías con barniz tristón. Su éxito sublevaba a los sectores punteros, que les pusieron el sello de conformismo capitalista, pero a mí me parecía (su éxito) merecido: prefería escuhar en la radiofórmula sus canciones que otras con menores virtudes musicales. Y si habían copiado la parte más vulnerable de los primeros Radiohead, la supieron comercializar con honestidad. El problema de “Ghost Stories”: quiere evolucionar apuntándose al carro de lo que impera. Su melancolía, apta para soportar arreglos tipo How To Dress Well, pierde personalidad si los últimos se imponen sobre la primera (caso de “Magic” y “Midnight”). Demasiada electrónica light a la mode para encubrir algunas composiciones insustanciales (y ya no quiero entrar a valorar una “A Sky Full Of Stars” con subida casi trance para rememorar la euforia de “Viva La Vida”). Ahora bien, cuando se centran en el piano y en la voz de Chris Martin, los sigo percibiendo -más o menos fértiles que en el pasado, clásicos, envejecidos, etc- como una banda de dignidad contrastada.

 

The Take Off And Landing Of Everything” (Elbow). Título del año. El despegue y aterrizaje de todo. De todas las cosas. La orfebrería del inicio de “This Blue World”, con la voz limpia de Guy Garvey sobre percusión suave y teclados litúrgicos, se eleva cual despegue mayestático. Siete minutos donde cada nota, aunque previsible, es la que tiene que ser. La producción es tan cuidada -mucho más que la de los cuatro instrumentos básicos- que “Charge” y “Fly Boy Blue/Lunette” arremeten como bandas sonoras cantadas, entre Barry Adamson y John Barry. “Colour Fields” equivaldría a poner el piloto automático, mientras el tema clave es el titular, con su aura magna. Estamos en un espacio aéreo difuso, demasiado intenso para citar a Coldplay y no lo suficientemente intenso para pensar en The National. Se identificarán con los símiles aquí esbozados quienes utilicen el avión con cierta frecuencia. La futilidad de lo que acontece abajo si las cosas se tuercen arriba, el desarraigo…o esa masa de sonido ribeteando “My Sad Captains”, cuya adrenalina evoca el glorioso momento cuando, faltando tres minutos para el aterrizaje, se abren las compuertas de las ruedas y se avista la pista.

 

The Cautionary Tales Of Mark Oliver Everett” (Eels). Tal como puedo admirar a Mark Everett como compositor y letrista, reconozco que desde hace años le sigo con intermitencias. Vuelvo a su música de vez en cuando porque sus discos -por iguales- me han dejado de sorprender (más que de interesar). Su perspectiva del pasado y sus avatares/incidentes/desgracias me han servido de terapia en algún momento, cuando tenía un bajón: al otro lado de los altavoces había alguien más desgraciado que yo. Su pop es instantáneo pero al cabo del tiempo tanto da un tema que otro. Y esa voz preñada de fatalidad, como desplegada desde un megáfono, sumergida en melodías easygoing, a veces angelicales, en ciertos momentos te confunde hasta hacerte pensar que estás ante una canción de Randy Newman (como “Agatha Chang” o “Gentlemen´s Choice”). Podrían y pueden actuar como sucedáneo por su pasmosa facilidad. Pero hay cosas que no se pueden suplantar, como la astucia, el sentido del humor, el cinismo y la ternura inteligente. Sigo enzarzado sin embargo en su impacto inicial con “Beautiful Freak”, esperando inútilmente otro golpe en el estómago en vez de palmaditas en la espalda de otro cincuentón. Aunque, ojo, además de no rechazarlas, reconozco que me alegran más de un día tonto en el que cometo el error de mirar atrás (“Mistakes Of My Youth”).

 

Model Of You” (Cloud Boat). Me gusta la modestia con la que encara la parte megalómana de su música este dúo londinense mezclando la tristeza eléctrica con la tristeza electrónica. ¿Imaginan un cruce entre Coldplay y James Blake? Nah. La tristeza de Cloud Boat es menos estética, con las guitarras gélidas calando en las cuerdas de una voz herida de amor. Puede atisbarse alguna cabalgata tipo Foals, pero el forjado del álbum muestra que aquí hay más corazón.

 

2 comentarios en «2014: cabos sueltos (15)»

  1. Pobre Beck, encima le dan el Grammy al mejor album de 2014 (también fueron agraciados, o desgraciados, hace un par de años creo, Arcade Fire con «The Suburbs»). Lo que no queda claro es si te ha gustado, no te mojas.

    Houston ya no tiene ningún problema, sencillamente el Apolo de Coldplay se descacharró hace ya mucho tiempo (post «X & Y»)y no hay por dónde agarrarlo. Me remito a la crítica de RDL, la mejor que he leido sobre este engendro. Y ya me jode, los admiré y me gustaban tanto…

    Correctos Elbow, pero creo que dieron lo mejor de sí con «Build A Rocket Boys» y «The Seldom Seen Kid». Este último disco se les queda un pelín corto.

    Lo de Eels es para quitarse el sombrero. Después de desmelenarse con el infravalorado «Wonderful, Glorious» te sorprende con esta preciosidad.

    Por todos los cabos sueltos: me deprime constatar la de cosas que se le pueden pasar a uno, apabullante recorrido. Servirá para intentar rescatar lo que se pueda, a ver si optimizo el tiempo.

  2. Bernie, los Cabos Sueltos han de digerirse a voluntad. No todos los discos que aparecen son recomendables. Algunos sí porque no tuve tiempo de destacarlos en su momento; otros aparecen porque creo que deben tener una mención en esta página (por su importancia, o porque necesito expresar mi opinión al respecto).
    En el caso de Beck, me ha gustado todo lo que me pueda gustar un disco de Beck. Me explico: no es uno de mis músicos preferidos porque ni su música ni su voz jamás me han transmitido lo que yo quiero. Si necesito pasión, su voz me produce más bien desafecto, que es otro tipo de sensación que puedo absorber en ciertos momentos muy determinados. Esta languidez vacía y opaca consigue a veces llegar como en «Morning Phase», pero no se convierte en necesidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *