“The Hope Six Demolition Project” (PJ Harvey)

A la de Dorset hay que darle de comer aparte. En estos días, y con motivo del lanzamiento de su último disco, este excelente “The Hope Six Demolition Project”(Island, 2016), me puse a repasar su discografía y cada paso en su carrera reafirma el anterior y engrandece aún más su exuberante trayectoria -tengo mis dudas con su aventura neoyorquina de “Stories From The City, Stories From The Sea” (2000) que, como dijo César Estabiel en este blog, hubiera sido el disco perfecto para una Courtney Love civilizada, pero no enturbia ni un ápice un expediente sin mácula -. Le perdimos el rastro justo en el momento en el que estaba en el Everest de su carrera que supuso esa obra magna que tituló “Let England Shake”(2011); un disco rabioso, y de extrema fisicidad que rendía cuentas a una Inglaterra pretérita devastada por la guerra, la deshonra, y la abyección. Algunos lo llamaron que aquello se trataba de (de)construir la canción protesta, pero prefiero llamarlo blues, porque Ella es el blues.

Polly Jean está de vuelta. Congratulémonos. Este noveno álbum parte de una idea con la que ha estado trabajando estos años: un análisis poético-antropológico de la realidad socio-política actual a partir de las anotaciones en su cuaderno de viaje; unos relatos, fotogramas, y poemas – el poemario se titula “The Hollow Of The Hand” con material gráfico a cargo del extraordinario artista irlandés Seamus Murphy –, que detallan nuevamente los horrores de la guerra, las desigualdades sociales, y el envilecimiento moral a que nos conduce este sistema de economía global que desprotege al más débil. Estas instantáneas de sus periplos por Kosovo, Afganistán y Washington, son trazadas con una especial delicadeza. Ella lo describe así: “When I’m writing a song I visualise the entire scene. I can see the colours, I can tell the time of day, I can sense the mood, I can see the light changing, the shadows moving, everything in that picture. Gathering information from secondary sources felt too far removed for what I was trying to write about. I wanted to smell the air, feel the soil and meet the people of the countries I was fascinated with”.

Otro aspecto que potencia el matiz expresionista, es el sonido – turgente, agreste y delicado a la par, y siempre expansivo -. La autora de “Dry” metió a su banda en un cubículo en la Somerset House de Londres, y la gente -previo pago de 15 libras – podía ver y escuchar, cual (anti)performance en vivo, lo que allí de desarrollaba. Un proyecto que se bautizó como “Recording un Progress” y que, como bien dice Louise Gray en The Wire, permite al artista expresarse con total libertad ya que desaparece la interactuación con el espectador – los músicos no ven el exterior; el tiempo está detenido – en el momento real, en una sincronía que está sedimentada en la mentira. Una Harvey desnatulazada, y más real que nunca (o casi).

En este mundo real vemos a una mujer pletórica bien resguardada por una banda que despliega los sonidos que mejor se adaptan a tan acerado lirismo.“The Community Of Hope” abre con las guitarras al galope, y el estilete bien afilado. Nos llega el eco de un grito. El horror se queda prendido en las retinas, y PJ lo describe en un intento de humanizar el dolor – “When we first got the camp our supplies were not enough. I saw a displaced family eating a cold horse’s hoof”  – en “A Line In The Sand”. Llega “River Anacostia” – otra de esas gemas a engrosar su ya extensa lista de clásicos – cuyo tempo recuerda a “Down By The Water”,y acaba con un interrogante al que no hay respuesta: What will become of us? El silencio después de la batalla es el que te desgarra en lo más adentro. El latido de la calles de Kabul – “Dollar, Dollar” -, y las plegarias de un niño que jamás serán atendidas, cierran un disco demoledor.

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