«Telepatía» (Lidia Damunt)

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En el universo de Lidia Damunt la máxima cobra un inesperado sentido aquello de lo “mínimo es más”. Mucho más, cabría añadir. Ya sea tan sólo con una guitarra y una armónica, o con tenues arreglos de teclado, la voz de la murciana se erige como unas de las personalidades más inquebrantables e insobornables del pop nacional, y lleva siéndolo desde ya hace años. “Telepatía” (Tormina Records, 2016)  la consagra como una compositora sin igual, de gran virtuosismo para tejer melodías y versos que dejan un poso emocional que hacia tiempo no recordaba. Lidia tiene un don especial para tocar la fibra sensible, y este álbum -¡cómo se han echo esperar sus nuevas canciones!- es, quizás, su mejor trabajo.

Telepatía” abre el disco con las cuerdas de su guitarra al galope punk, revisitando el legado imprescindible de Hello Cuca (en la final “Hellinge” retoma el pulso de ésta para cerrar de forma fantástica). En “Tu Teléfono” la guitarra y sus giros imposibles de voz sacan a relucir su lado más Jonathan Richman, y lanza al aire versos que se clavan como cuchillos “quiero ser tu teléfono/ quiero escuchar tu voz/ pasar el día metida en el bolsillo de tu pantalón/ amor y tecnología ¡qué combinación!”; en “Cambiábamos La Historia”, maravillosa como pocas, su armónica da cuerpo a una bellisima estampa sobre el paso del tiempo, y de finales que no tienen fin, o de cuando podías cambiar el final.

Su cancionero más político – la discografía de la autora de “Vigila El Fuego” es audaz también partiendo de estos supuestos- tiene desde ya una pieza insuperable, “La Caja”, en la que tira por tierra los nefastos roles de género y la dictadura del patriarcado (“con mi cuerpo puedo hacer lo que quiera, lo que quiera/ pero es que no somos islas, somos un sistema” ), y en “Quién Puede Arreglar” –aquí acompañada de Teresa Iturrioz doblando voces, y los arreglos mínimos pero poderosos de teclado de Hugo Sierra– se vislumbra, de fondo, el fin de un amor mientras se suben y bajan montañas. Así es como se hacen discos inolvidables. 

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