Homeshake

Diez años ya han pasado desde que Peter Sagar dejó la sombra de Mac DeMarco para probar en solitario. Ahora publica su sexto disco “CD Wallet” (Shhoamkee 2024), evitando esta vez la vertiente sintética de su estilo para abrazar la crudeza de la guitarra y dejarse querer con una etiqueta nueva, el bedroom grunge.

El disco tiene algo del estilo narcótico slacker de DeMarco –“Letting Go”, “Smoke”- pero llevado a un terreno más introspectivo. En el arranque –“Frayed”- yo al menos percibo la ambientación de Sparklehorse, pero se trata de una impresión pasajera que a la altura de “Kitty”, caminando a un paso muy lento y con una guitarra de emoción blues, se va situando entre unos Low crudos inclinados al slowcore. Guitarras que se retuercen, saturadas, sobre todo en el tema final de nueve minutos “Listerine”, con una primera parte donde lloran con lágrimas canadienses tal vez influidas por las laceraciones eléctricas del paisano Neil Young. Tras un tramo con juego de drones, el epílogo se centra en una distorsión hiriente a cámara lenta. Un dechado de acritud en soledad.

«King Perry» (Lee «Scratch» Perry)

Después de una trayectoria intachable como artífice del éxito del dub como paso evolutivo del reggae medio siglo atrás, Lee Perry tuvo una segunda juventud en este milenio adaptándose a las nuevas variaciones del género –colaboró con Adrian Sherwood de On-U Sound- sin renunciar a incursiones –con amigos- en otros estilos. Antes de fallecer a los 85 años en 2021 dejó algunos proyectos a medias, ahora rescatados y retocados por un productor de confianza como Daniel Boyle.
“King Perry” (False Idols 2024) cuenta con más colaboradores, como Tricky (el dueño de la discográfica que lo publica), presente en piezas como “Jesus Life” y más protagonista en el dub alucinógeno “Future Of My Music” (donde también contribuye Marta Zlakowska, así como en “I Am A Dubby”). El álbum no se ciñe a retorcer el dub (opresivo en “King Of The Animals”, accesible en “100lbs Of Summer” junto a Greentea Peng y Aria Wells), sino que tantea la electrónica (“Evil Generation”), el hip hop (“Midnight Blues” con FiFi Rong), la frescura (“The Person I Am” con Rose Waite) y el pulso venéreo (“Green Banana” con Shaun Ryder). Siempre sumiéndose en ese espacio tan personal que nos traslada a otra dimensión.

«Bright Future» (Adrianne Lenker)

El gran secreto de Adrianne Lenker –y por ende aplicable a Big Thief- es la eficacia con la que explota su sensibilidad. No es tan original en las formas –al fin y al cabo maneja elementos e instrumentos típicos del folk- pero sí en el concepto, y destila una suerte de magia –la voz, con intensidad aguda durmiente- de momento única en el mercado.

Todo ello es aún más perceptible en su nuevo álbum “Bright Future” (4AD 2024), grabado junto a un puñado de amigos –el productor Philip Weinrobe, Nick Hakim y el cada día más impresionante Mat Davidson entre ellos- en un ambiente campestre y recogido. Empieza con “Real House” –el sentimiento de pertenencia familiar recordando la única casa que sus padres compraron y consideró un hogar estable- y acaba con “Ruined” –el clip a cargo del hermano de Lenker-, ambas centradas en el tono sepia propiciado por la combinación de piano y voz. Entre las dos, fluyen diez canciones de fragilidad cálida (“Free Treasure”), más silvestres que las del grupo madre (“Sadness As A Gift”), ideales para cantarse en compañía alrededor de una fogata (“Candleflame”), optimistas (“Fool”) y dotadas de una belleza natural sublime (“No Machine” se estrenó en Barcelona en directo a principios de 2020).

Adrianne no puede dejar de lado sus convicciones (ecologismo en “Donut Seam”) ni su cordón umbilical con Big Thief (esa versión alternativa de “Vampire Empire” con la percusión de Josefin Rusteen), donde quedan flagrantemente expuestas tanto la fidelidad de sus ideas como un talento sin par que saca petróleo de lo más básico y sencillo de la tradición musical americana.

Tapir!

Colectivo londinense multidisciplinar que se ha visto animado a grabar gracias a los consejos de Yuri Shibuichi de Honeyglaze, Tapir! acaba de de publicar un primer álbum casi conceptual, “The Pilgrim, Their God & The King Of My Decrepit Mountain” (PIAS 2024), de adquisición obligada.

No se dejen engañar por las comparaciones fáciles de los medios, sobre todo si leen que se parecen a Black Country, New Road pues, aunque contengan vientos y cierta afiliación folk, no coquetean con el prog sino que adornan su intimismo con percusión sintética. Más certero sería un espejo acústico de Crumb, Bobby o Bernice, con más delicadeza, dulzura y calidez folk. De hecho, yo apuntaría a los Lambchop de los noventa por la nocturnidad deliciosa de algunas composiciones.

Curiosamente el disco se divide en tres partes, y dos de ellas ya estaban publicadas en dos EPs del verano de 2022 y del de 2023 respectivamente. Las tres empiezan con un spoken word de Kyle Field de Little Wings (“Act 1”, “Act 2” y “Act 3”) y yo no sabría decantarme por alguna de las tres. Aquí no hay ninguna canción simplemente buena, todas basculan entre el sobresaliente y el notable. Puestos a destacar, en “On A Grassy Knoll (We´ll Bow Together)” sorprendela melodía crepuscular sobre percusión digital urgente. Más adelante, “Broken Art” y Gymnopédie” evocan a un Bill Callahan con violín cercano a un Leonard Cohen con pulso de blues sureño. Y, ya en el tramo final, la exquisita acústica de “My God” –con alguna treta pillada de “My Guy” de Mary Wells”- recuerda un poco a Mutual Benefit. La fantástica instrumentación –ligeramente bossa- de los dos primeros minutos de “Mountain Song”, se ve sobrepasada por el momento más grandioso del álbum, forjado en clave himno coral. Resumiendo, casi un diez.

«Harm´s Way» (Ducks Ltd.)

Lo reconozco, soy menos exigente con unas músicas que con otras, y me pueden las melodías y estribillos soleados con pátina de las antípodas y electricidad neoyorkina. Así que, al reiterar Ducks Ltd. en lo ofrecido en su disco anterior, recibo “Harm´s Way” (Carpark 2024) y lo disfruto como un niño el día de reyes.

Tom McGreevy y Evan Lewis han dejado Canadá para grabar en Chicago, obteniendo la colaboración de la voz de Julia Steiner y la precisa percusión de Marcus Nuccio (ambos de Ratboys), así como los arreglos de Jason Balla (Dehd). Con más aplomo y experiencia, ahora brillan doblemente entradas de euforia nerviosa como “Hollowed Out” y “A Girl, Running”, o la urgencia frenética entre Flying Nun y Feelies de “The Main Thing” y “On Our Way To The Rave”. Más mecánica –en el sentido Rolling Blackouts Coastal Fever- suena “Train Full Of Gasoline” e igual de recomendables son las cualidades `australianas´ de “Deleted Scenes” y “Cathedral City”.

Como suele ocurrir tras media hora de contagio eléctrico veloz, queda la tranquilidad de “Heavy bag” para rubricar la ráfaga de jangle briosa. Injusto exigirle más a un grupo que ha dejado clara su intención. No piensan meterse en jardines que no proceden mientras puedan seguir suministrando cachos de perfección melódica de dos minutos.