Sweeping Promises

Desde Kansas irrumpieron Sweeping Promises –el dúo formado por Caufield Schnug y Lira Mondal- seis años atrás con su punk-garage correoso, llegando ahora a su tercer disco “You Say I Romanticize” (Sub Pop 2026).

Pese a la economía, el bajo grueso y un poso en el sonido cuya amenaza parece que nos va a electrocutar de un momento a otro, las composiciones brillan fáciles gracias a la voz de Lira endulzando su acritud. El indie punk cavernoso de “Shooting Shadows” acaba con un brío paranoico tipo The Ting Tings en “That´s Not My Name” y en seguida es sucedido por una serie de piezas moviéndose entre la combustión de una locomotora de vapor –“My Friend´s An Entomologist”, “Abduction On Camera”-, todas a piñón fijo, permitiéndose un par de ellas –“Last Man” y “Accent”- sacar zarpazos decibélicos sorpresivos, optando por subida final en clave himno –“Rapture, Or…”- o incluso mostrándose más secas –el beat de “My Anchoress” sería casi Motown- y magnéticas. La que prende mejor es “Cocoon” y su groove de espasmo sólido tipo los Franz Ferdinand de “Take Me Out”, mientras el final con “Write Lightly” deja caer una melodía de unos supuestos 10000 Maniacs con ataque de nervios tras conocer a The Strokes. Vetusto y a la par fresco.

«Gentlewoman» (Cleo Sol)

Con la mochila de mis dudas a cuestas, confieso que siento envidia de las personas con fe. Que creen. Quienes disponen de una coraza para relativizar todas sus desgracias y agradecer al todopoderoso cualquier pequeña buenaventura que les suceda. Pero sobre todo me quito el sombrero ante los artistas que la demuestran honestamente. Este aura de luminosidad con que consiguen llegar al oyente me fascina. En su nuevo trabajo “Gentlewoman”, la iridiscencia de los destellos luminosos de Cleo Sol es cegadora.

Durante una hora y quince minutos, y acompañada por la producción de su marido Inflo, ella despliega un interiorismo de mística diáfana en el que sumergirse una mañana soleada tibia dominical. El arranque en “I Only Look To You” combina piano a lo Carole King y melodía Bacharach con su voz de color, y la siguiente se adentra en la balada de soul de madrugada que tan bien suelen ejecutar The Delines. A partir de allí, mezcla liturgia mística con ambientación en plan “What´s Goin´ On” (“Sweet Thing”, “Their Smiles Are Not The Same”) con numerosas odas al amor, a la familia (“Family Ties”) y a la misericordia desde diversos ángulos de la música de color (incluyendo los más lentos de SAULT patentados por Inflo), y en muchas piezas desde una pureza cristalina (“Let Me Cry”, “Together”, “Imagine”). Por poner ejemplos con algún detalle distinto, destaca la cadencia deliciosa de bossa en “Sentimental Love”, algo más sutil en “Honest Talk”, y una “All Beacuse Of Love” de seis minutos con sombra gospel que muta a funk sureño suave.

Tal vez el disco con ambientación recluida más conseguida del año. Junto al de The Delines, claro.

«I Am Both» (Margaret Glaspy)

Doing nothing
Is something I do too well

Después de pulsar distintas variantes musicales como cantautora femenina, en su álbum “I Am Both” (ATO 2026) flota la sensación de que Margaret Glaspy por fin se ha encontrado a sí misma como artista. Está donde quería estar, y además cómoda. Con un sonido de gran sensibilidad y unos textos cuya temática impacta.

Lo ha conseguido gracias a la suavidad productora de un Joe Henry que tampoco elude los momentos -cuando se precisan- ásperos, casi siempre –salvo en una “Petty” que evoca su etapa PJ Harvey- desde la prioridad acústica. La mayoría de las canciones surgen sobre fingerpicking. Adobados con pespuntes electrónicos sutiles para respaldar la importancia de la voz en “Michigan”; más introspectiva en clave folk casi recitado en “I Thought She Was A Song” y en el soberbio epílogo con “I Am Both”; o impregnada de una austeridad cuyo trasfondo de protesta se subraya con armónica en “Common Ground”, y sobre todo en el folk homeless profundo y sentido de “Martin Luther King Jr.”
Los textos de Margaret combinan denuncia –indefensión femenina ante la delincuencia urbana en “Sharp Knife”- y cierto optimismo –la luz al final del túnel en la delicada “Wildest Dreams”- o rimas imaginativas –Hyundai con sunday en “James And Marie”- en busca de, además de aportar composiciones con posibilidades comerciales como “That Rose”, marcar el camino de lo que deberían ser las canciones protesta versión 2.0.

Are you courageous or are you cruel?
I am both
I am both

Billy Strings

En esta página Billy Strings ha comparecido en un par de colaboraciones, pero su status en USA es el de una figura actualmente capital en el mundo del country, con media docena de discos que además han hecho hincapié en poner en primer plano el bluegrass como artículo de consumo masivo musical rentable.

No piensen que su nuevo álbum “So Much For Goodbyes” (Reprise 2026) se ciñe solo a canciones escupidas a pecho descubierto por cuatro locos de guitarras, banjo, mandolina y violín (no hay percusión) ansiosos de hacernos mover al son de jigs aceleradas, ejercicios de bluegrass de las Apalaches y valses. De eso hay y en abundancia, cierto, pero aquí suman 16 piezas con una duración de 75 minutos, con un promedio de 5 cada una, con un poco de todo, lo cual indica que, junto a textos largos, subyacen historias que contar. Básicamente porque es el primer disco de William Lee Apostol (su nombre real) tras el fallecimiento de su madre por sobredosis.

No se trata de un hecho menor ante un solo vistazo a su árbol genealógico, con sus padres adictos –su madre, después de la muerte de su progenitor, se juntó con un devoto del bluegrass, quien le transmitió su afición- y su marcha del hogar a los 13 años. O sea que aquí proliferan los juegos de guitarras, banjo, mandolina y violín pero con respeto absoluto por las formas, y con la sabiduría necesaria para que suenen variadas, tanto si dan prioridad al bluegrass (“Remember To Cry”, “Lay Me Down”, “Bluewater Breakdown”), al country (“I´m One Of Those”), al country molón también (“I Wish I Wanted To”), al cuello de botella con aspas de rock (“Burn The Other End”), a la railroad song con trazas de campos de algodón (“I Like Train Songs”), a las historias de camioneros (“10.000 Miles From A Friend”), a la delicatessen rural (“Light The Way”), o a la introspección brutal (“Still I Crash”, la pieza tal vez más sentida de las que tocan el tema de su madre junto al instrumental final “Debra´s Waltz”). Súmese una serie de postales añejas en “Mill Town Flood” y al vals precioso “Wrestling An Angel”, y tendremos un pedazo de colección de americana noble –vieja y a la vez renovadora- con pedigrí.

«Half-Told Tales» (Arab Strap)

La música de Arab Strap nunca ha sido apta para todos los públicos, y no cambió tras su retorno en 2021. En esta tercera grabación de la nueva etapa, “Half-told Tales” (Rock Action 2021), los preceptos que rigen la poesía y el tono cáustico de Aidan Moffat siguen intactos, así como los distintos trajes musicales confeccionados por el siempre interesante Malcolm Middleton: esa mezcla de suavidad y cacofonía, indie rugoso, Escocia cristalina, rimas de alto nivel y dejes escatológicos –al menos tres canciones hacen referencia al escroto-, y vulnerabilidad versus militancia sociopolítica son sus armas de batalla.

Por supuesto no tienen reparos en arrancar brutos –como Cathal Coughlan fuera de Microdisney- con una “I Get Noise” arisca. Después vendrán contornos más pulidos (con percusión prominente, aire reflexivo y final con saxo en “Be A Man”) o más rabiosos (noise banger político en “Fighting For You”) reflejando las obsesiones estúpidas del capitalismo (el rejuvenecimiento en “Glamour Magick”), música disco tosca blanca (“You You You”), spoken word relajado (“Gape”), tirando incluso de dopamina (la triste “Under Offer” contra las aberraciones arquitectónicas del barrio), fetichismo sexual de todo a cien (“Dollar Park”), ritmos cálidos latinos suaves (“Sunsong”) y melodías condescendientes (“Basic Physics”).

En resumen, son los Arab Strap de siempre. Llenos de contradicciones enfrentadas a su concienciación social, de lengua perversa en un entorno pervertido, y sobre todo letal cuando la irreverencia te pilla receptivo.

I´ve got watchlists I never watch
And pruritus scroti in my crutch

And if you´re streaming this song on Spotify
Then we both fund weapons-grade AI
(You You You”)

So my caffeine shampoo keep what hair´s left alive

I´ve had follicle grafts and blepharoplasties
And a scrotal lift, lift my kilt and you see”
(“Glamour Magick”)

He examines his excretions, the brown piss and yellow shit
And mournfully strokes his fat, rock-hard belly
And he picks his purple nose and scratches his scrotum
(“Gape”)

The beat of this song is 60BM
One beat per second

Even the planet isn´t puctual
1972 was 2 seconds longer than 1971
A 100 days later I took my first breath
29 years later I met your mum
(“Beats Per minute”)