«Bright Future» (Adrianne Lenker)

El gran secreto de Adrianne Lenker –y por ende aplicable a Big Thief- es la eficacia con la que explota su sensibilidad. No es tan original en las formas –al fin y al cabo maneja elementos e instrumentos típicos del folk- pero sí en el concepto, y destila una suerte de magia –la voz, con intensidad aguda durmiente- de momento única en el mercado.

Todo ello es aún más perceptible en su nuevo álbum “Bright Future” (4AD 2024), grabado junto a un puñado de amigos –el productor Philip Weinrobe, Nick Hakim y el cada día más impresionante Mat Davidson entre ellos- en un ambiente campestre y recogido. Empieza con “Real House” –el sentimiento de pertenencia familiar recordando la única casa que sus padres compraron y consideró un hogar estable- y acaba con “Ruined” –el clip a cargo del hermano de Lenker-, ambas centradas en el tono sepia propiciado por la combinación de piano y voz. Entre las dos, fluyen diez canciones de fragilidad cálida (“Free Treasure”), más silvestres que las del grupo madre (“Sadness As A Gift”), ideales para cantarse en compañía alrededor de una fogata (“Candleflame”), optimistas (“Fool”) y dotadas de una belleza natural sublime (“No Machine” se estrenó en Barcelona en directo a principios de 2020).

Adrianne no puede dejar de lado sus convicciones (ecologismo en “Donut Seam”) ni su cordón umbilical con Big Thief (esa versión alternativa de “Vampire Empire” con la percusión de Josefin Rusteen), donde quedan flagrantemente expuestas tanto la fidelidad de sus ideas como un talento sin par que saca petróleo de lo más básico y sencillo de la tradición musical americana.

Tapir!

Colectivo londinense multidisciplinar que se ha visto animado a grabar gracias a los consejos de Yuri Shibuichi de Honeyglaze, Tapir! acaba de de publicar un primer álbum casi conceptual, “The Pilgrim, Their God & The King Of My Decrepit Mountain” (PIAS 2024), de adquisición obligada.

No se dejen engañar por las comparaciones fáciles de los medios, sobre todo si leen que se parecen a Black Country, New Road pues, aunque contengan vientos y cierta afiliación folk, no coquetean con el prog sino que adornan su intimismo con percusión sintética. Más certero sería un espejo acústico de Crumb, Bobby o Bernice, con más delicadeza, dulzura y calidez folk. De hecho, yo apuntaría a los Lambchop de los noventa por la nocturnidad deliciosa de algunas composiciones.

Curiosamente el disco se divide en tres partes, y dos de ellas ya estaban publicadas en dos EPs del verano de 2022 y del de 2023 respectivamente. Las tres empiezan con un spoken word de Kyle Field de Little Wings (“Act 1”, “Act 2” y “Act 3”) y yo no sabría decantarme por alguna de las tres. Aquí no hay ninguna canción simplemente buena, todas basculan entre el sobresaliente y el notable. Puestos a destacar, en “On A Grassy Knoll (We´ll Bow Together)” sorprendela melodía crepuscular sobre percusión digital urgente. Más adelante, “Broken Art” y Gymnopédie” evocan a un Bill Callahan con violín cercano a un Leonard Cohen con pulso de blues sureño. Y, ya en el tramo final, la exquisita acústica de “My God” –con alguna treta pillada de “My Guy” de Mary Wells”- recuerda un poco a Mutual Benefit. La fantástica instrumentación –ligeramente bossa- de los dos primeros minutos de “Mountain Song”, se ve sobrepasada por el momento más grandioso del álbum, forjado en clave himno coral. Resumiendo, casi un diez.

«Harm´s Way» (Ducks Ltd.)

Lo reconozco, soy menos exigente con unas músicas que con otras, y me pueden las melodías y estribillos soleados con pátina de las antípodas y electricidad neoyorkina. Así que, al reiterar Ducks Ltd. en lo ofrecido en su disco anterior, recibo “Harm´s Way” (Carpark 2024) y lo disfruto como un niño el día de reyes.

Tom McGreevy y Evan Lewis han dejado Canadá para grabar en Chicago, obteniendo la colaboración de la voz de Julia Steiner y la precisa percusión de Marcus Nuccio (ambos de Ratboys), así como los arreglos de Jason Balla (Dehd). Con más aplomo y experiencia, ahora brillan doblemente entradas de euforia nerviosa como “Hollowed Out” y “A Girl, Running”, o la urgencia frenética entre Flying Nun y Feelies de “The Main Thing” y “On Our Way To The Rave”. Más mecánica –en el sentido Rolling Blackouts Coastal Fever- suena “Train Full Of Gasoline” e igual de recomendables son las cualidades `australianas´ de “Deleted Scenes” y “Cathedral City”.

Como suele ocurrir tras media hora de contagio eléctrico veloz, queda la tranquilidad de “Heavy bag” para rubricar la ráfaga de jangle briosa. Injusto exigirle más a un grupo que ha dejado clara su intención. No piensan meterse en jardines que no proceden mientras puedan seguir suministrando cachos de perfección melódica de dos minutos.

Friko

De la misma escena de Chicago que cobija a Horsegirl provienen Friko, con el debut “Where We´ve Been, Where We Go From Here” (ATO 2024), esgrimiendo intensidad indie erguida sobre valores clásicos.

Parte de su magnetismo se debe al fervor vocal de Niko Kapetan, a ratos parecido a Conor Oberst. Esa manera de hacer temblar las cuerdas vocales es acompañada por la protuberante percusión de Bailey Minzemberger. Entre ambos se teje una complicidad que tanto debe a la música clásica como al punk o la tendencia a himnos catárticos –esos finales- tan atribuibles al Gran Rock.

El inicio con “Where We´ve Been” no puede ser más atractivo, yendo del sigilo a la corrosión romántica desaforada de su epílogo espectacular; digno de obras conceptuales. A partir de allí se combinan piezas que funcionan bien como gancho (“Crimson To Chrome”) con baladas de nivel (“For Ella”) y urgencia punk (en la interpretación de “Chemical” parece que les vaya la vida). Todo desplegado con la sensación de sabiduría y conocimiento de sus referentes. Tal vez por ello se dejan de finales grandiosos a la hora de cerrar el álbum con la acústica “Cardinal”. ¿Prematuramente maduros? Dos lecturas como respuesta: o ya lo han dicho todo en el primer álbum o, ojalá, si esto no ha hecho más que empezar, apunta a una carrera estratosférica.

Dylan John Thomas

Un respeto enorme por este debut. Dylan John Thomas creció con trastornos –hiperactividad y déficit de atención- que derivaron en hogares de acogida.

Sin embargo, “Dylan John Thomas” (Ignition 2024) supura compasión. Nada de sonidos agrios y angustiosos. Su raíz escocesa le impulsa a melodías benignas que cualquier trovador de aquella nación pariría. Por ello sorprende el aire de tonada casual con que arranca en “Fever”. Una frescura también presente en “Feel The Fire”, en la afrancesada “Champs-Élysées”, en “When I Get Home” y en “Lovely day”. En “Rich Boy”, podría pasar por un Billy Bragg de las highlands, mientras fluye en “Now And Then” el eco de King Creosote.

Incidiendo en la veta escocesa podría también definirse media “Up In The Air”, ya que la otra media se arrima más a Madness (ratificada su querencia por el ska en la algo más middle east “Jenna”: seguramente definitivas ambas, por su energía, en directo). Y queda para el final una “Wake Up Ma” live: lo que hasta entonces había sido balsámico, de pronto deja a flor de piel la vulnerabilidad de su historia personal.