La definición de Punch Brothers como banda de bluegrass se queda corta. El hecho de que el quinteto no tenga percusión, lo protagonicen violín (el nuevo fichaje Brittany Haas), banjo (Noah Pilkeny) y mandolina (Chris Tile) y tengan en su punto de mira la música tradicional y los sonidos provenientes de las montañas Apalaches, no implica que se dediquen solo a jigs y valses. Su educación no procede de entornos rurales, sino de la erudición de academias musicales neoyorkinas donde en una habitación tú estudias folk y en la contigua alguien estudia a Steve Reich. Música instrumental cuyas bases acústicas no impiden crear tramos de música experimental sutilmente adosada.
Así, en su séptimo álbum “The Unsung Adventures of Punch Brothers” (Nonesuch 2026), buscan con sus canciones –más las tres tradicionales- ir un poco más allá de la mera recreación historicista del legado musical norteamericano. Escuchando “Found In A Frozen Fog” y el trazo grueso de violín con que empieza, sorprende la sigilosa mutación que sufre a lo largo de sus seis minutos –aquelarre apalache, después remanso pacífico, diabluras de banjo y mandolina, etc- y lo mismo ocurre cuando asoman detalles de música repetitiva en “June Apple (poisoned)”, su aproximación minimalista a la tradicional “Song Of The Water Kelpie”, o las cascadas de notas de violín en el vals “Solve Knut”. Son combinaciones fascinantes que van más allá de la energía habitual de la música popular. Ni siquiera me atrevería, aunque me tienta, a definirlo como bluegrass contemplativo.