Wallace Collection

Wallace CollectionHace cuarenta años, las discotecas nacionales solían romper cada hora la dictadura esclava del ritmo con lo que entonces se llamaba `la tanda de lentos´. Consistía, dependiendo de local y audiencia –si mantenía o no la aglomeración de la pista-, en un mínimo de tres canciones hasta un máximo de media hora. Las luces apagadas con solo un foco apuntando a la bola de cristal giratoria, la temperatura subiendo, cientos de cigarrillos con la boquilla manchada de carmín escupiendo humo mientras esperan ser apagados bruscamente por la bendita frase `¿quieres bailar?´, y el olor a pasión reprimida: una viñeta de romanticismo de fotonovela hoy vista como algo casi grotesco, pero que en aquellos días produjo himnos sensacionales. Una de esas canciones de toda la vida venía de Bélgica, zona gris ajena a bullicios modernos que resonaban desde Londres o la incipiente Amsterdam. Mientras los vecinos holandeses alcanzaban fama universal con “Venus” de The Shocking Blue, allí tenían a The Pebbles. Ah, y a unos tipos llamados Wallace Collection que solo consiguieron tener un éxito, “Daydream”. Sigue leyendo Wallace Collection

Good Shoes

Good ShoesUna de las actividades más excitantes del aficionado a la música consiste en buscar nuevos talentos. Encontrar uno que valga la pena es por supuesto el súmmum. No solo para tirarse el pegote con los colegas –que también- o para tener un nombre más con que llenar la dichosa -¿o desdichada?- lista de lo mejor del año, sino para saciar esa sed de novedades dignas que se ha ido acrecentando con los años. Por eso, cuando tienes la suerte de pillar un debut como el de Good Shoes, vuelves a disfrutar –durante unas horas al menos- con la bendita ilusión del descubrimiento. Que no es tuyo sino de quienes los ficharon, pero en fin. Y con el tiempo, cuando tienen éxito y todos les conocen, te cuelgas las medallas como si hubieses salido ileso de una gran batalla. Sigue leyendo Good Shoes

Sweet Billy Pilgrim

Los vuelos low cost, a pesar de sus innumerables ventajas, han eliminado algunas buenas y sanas costumbres. Una de ellas, el viaje por carretera como acto para ser disfrutado; el equivalente serio al eslogan «¿Te gusta conducir?». Agarrabas los cds, subías al volante y, sin prisas, te proponías llegar a París. Precisamente en este trayecto concreto por la tradicional autopista francesa que es a la vez la columna vertebral que comunica la España mediterránea con el Norte, yo tenía ya mis paradas establecidas de antemano. Sigue leyendo Sweet Billy Pilgrim

The Frames

The FramesCuando hablamos de música, la ascendencia irlandesa a veces puede suponer un inconveniente. Por un lado el alejamiento respecto de la megápolis musical –Londres- que lo fagocita todo. Tal vez porque son primos hermanos, nosotros desde aquí vemos Irlanda como parte de Gran Bretaña y sin embargo no es así. Y el dato más inquietante: desde la isla madre se tiende la mano a Irlanda como si se tratase del pariente tonto.Cuando un español hace un chiste, el pardillo es de Lepe; si lo hace un brasileño, es un portugués; si lo hace un holandés, se ríe de un belga. Y si lo hace un británico, esta variante deformada de racismo se vuelca sobre el irlandés. Cierto es que la ruralidad de Irlanda produce un índice más elevado de buenas e inocentes personas per cápita que el Soho londinense, pero desgraciadamente esto se traduce en un menosprecio implícito a las artes que vienen de allá. Sigue leyendo The Frames

The Ex-Exploited

The Ex-ExploitedCuando estoy en Bangkok, suelo tomarme la última cerveza sobre la medianoche cerca de la guest house, en los aledaños del templo al oeste de Khao San Road. Al salir de la zona peatonal, doblas a la derecha sorteando la garita de policía, por cierto últimamente reforzada para prevenir atentados de cualquier índole –amigos del depuesto Taksin, musulmanes del sur, Al Qaeda, etc-, pasas la gasolinera cuyos surtidores se convierten por la noche en bar terraza, cruzas Chakkraphong, y giras la primera a la izquierda bordeando las paredes del templo, las cuales también a esta hora se pueblan de indigentes que han hecho de aquella destartalada acera –las raíces de los árboles levantan incluso los adoquines- su dormitorio. Sigue leyendo The Ex-Exploited